sábado 6 de febrero de 2010

Debo excusarme porque desde hace un tiempo no le dejo comentarios a nadie. Esto se debe a que mi ordendor tiene un fallo y, cuando voy a realizar un comentario me aparece como error "google no está definido", no lo he llevado a ningún sitio porque solo afecta a esto, no tengo más problemas con la conexión. Supongo qu preguntaré a alguien que sepa. Si alguna persona puede proponer una solución que por favor lo haga.

domingo 17 de enero de 2010

Influencias

Lo noté en su semblante, duro; en su mirada, que no era fría, pero sí ausente, tajante; en su modo de hablarme, mordaz, contundente. Y no me preguntaba constantemente falsas dudas, no quería hablar conmigo. Hablaba poco más bien. Se notaba a un kilómetro su estado de ánimo, se reconocía en él tristeza. Estaba enfrascada en su problema, en quién sabe qué problema. Yo vigilaba sus movimientos: hacia donde miraba por si por un ligero instante dudase o se planteara mirarme, por si por un ligero instante que se hacía eterno se planteara parar a pensarme... pero no, no se paró a nada. No me miró, ni fingió querer mirarme. Quería estar alegre pero no tenía ánimos para actuar, para convencerse de algo, aunque cuando acabase la clase se pondría su máscara; sí porque sus amigas la ayudarían a aparentar estar alegre, y ella, deseosa de éste éstado de ánimo intentaría atraparlo aún sin suerte, sin resultados. Ella estaba enfadada y eso tampoco podía evitarlo. Seguro confiaría la razón de su resentimiento a sus amigas, que la aconsejarían bien, mal, quién sabe. Intentarían que se sintiera mejor.
-Dani venga, que vamos a empezar el partido.
Joder, estos niños no hablan de otra cosa que no sea fútbol.
Perdimos el partido.
Al volver a clase me separé un poco de todos, iba a otro ritmo, me encontraba lejos y algo exasperado. Iba subiendo las escaleras, recorrí el pasillo, entré a clase, me paré, me paré a no sé qué, me senté desganado, bebí agua. Entonces empezaron a entrar todos a clase cuando la vi, la vi riéndose, muriéndose de risa, quizás con un ápice de ese enfado en los ojos que percibí cuando nuestras miradas convergieron en nuestras miradas fugazmente. Se sentó, observó la clase en derredor. Me pidió agua, me sonrió. Solo está contenta, no es nada. Durante la clase estuvo seria pero a cada momento bromeaba, es decir, se encontraba todavía con rescoldos de lo que había sentido pero escapaba de ello, sí, estaba mejor. Me pidió ayuda en una tontería, cualquiera podría haber explicado eso, ella lo entendía.
Acabó la clase, salí caminando con mis amigos.
-Dani, ¿viste el partido de ayer?
- Sí, estuvo bien- dije sonriendo.
Así, me fui a mi casa, me hablaban de las mejores jugadas de un partido, polémicas, goles, yo sonreía sinceramente, y mi amor se consumaba en silencio pero yo estaba bien, sí, porque ella estaba bien.


(Woody Allen sugiere que los problemas innecesarios de algunas personas provocados por actos neuróticos trascienden a problemas más universales de más difícil solución, en "Manhattan".
Sugiere que un problema de alguien no beneficia a nadie, básicamente, dice que si una persona desprende de sí una carga negativa, si ha sufrido o tropezado con algún escollo, no beneficia a nadie ya que el simple hecho de que tú no te encuentres alegre no aporta nada. Una querella entre dos personas puede llegar a más, puede implicar a otra persona, tú genio, tú estado, tú resolución de actos conllevan reacciones de otros, acciones manipuladas ligeramente por ti.
Vamos, que sonríe coño. ¿Que por que sonreír? Sí, esa es una buena pregunta. Él se hace una parecida en la película, dice ¿por qué vale la pena vivir? Entonces cita a Groucho Marx, a Frank Sinatra, a Marlon Brando, a Louis Armstrong, unas frutas, unos mariscos y algunas cosas más de las que no me acuerdo. ¿Que por qué sonreír? No sé, siempre hay una nimia razón no tan nimia, un diminuto detalle, una persona. Y sí, sonreíd, porque si tú sonríes puede que otro sonría, porque podemos ayudar de una forma inverosímil de un modo espectral, ausentes. Porque no espero que sonrías, pero sonríes(sonríes,¿no?). Porque Woody Allen no esperaba que escribiera esto, pero lo escribo).

viernes 13 de noviembre de 2009

Idilio

Al salir de la clase él me esperaría.
Yo me encontraba en un rincón observándolos a todos; sus comportamientos y sus comentarios. Habían ciertos detalles que los circunscribían, ciertos gestos que indicaban la edad que tenían todos y cada uno de ellos. Yo me imaginaba a mí misma realizándome, interpretándome; pensaba, pensaba si mis actos me identificaban o delimitaban y, me ponía en el lugar de otros para intentar verme y captar diferentes realidades; reinventándome y renunciando a la percepción de mi ser. Era un intento de adentrarme en las mentes de otros y me preguntaba si otros harían esto. He conseguido saber que, por ejemplo, algunos de mis compañeros quieren permanecer en la inmadurez y, paradójicamente, han elegido esto bajo una reflexión, leve o ardua pero bajo reflexión; hacen bromas infantiles( como las hago yo o cualquier otra chica de mi edad) y se ríen forzosamente de ellas, intentando permanecer en la misma ingenuidad aunque inexorablemente escapen de ella, lentamente.
-Va a llover- me susurró Eva, mi compañera de pupitre.
Yo simplemente asentí.
Él me había pedido que lo fuera a ver a donde solíamos quedar: tras un parterre de zarzaparillas que se encontraba frente a la fachada de la parte trasera del colegio. La fachada se encontraba desgastada con algunos huecos en algunas zonas, las zarzaparrillas eran muy densas y alcanzaban los dos metros de altura; así nos sentíamos aislados, era nuestro espacio íntimo. Los últimos cruces efímeros y secretos se habían hecho mientras llovía y yo jamás, por increíble que parezca, sentía frío. Con Diego no sentía frío.
El profesor daba la clase como una máquina, aunque monótona y tristemente. Sin alegría, y cada frase de su explicación era lenta y cada gesto suyo era lánguido.
Sonó el timbre, había acabado la clase. Me dirigí a la parte trasera del colegio, iba ensimismada en un mundo amargo, abstraída en la realidad. En cierto modo, por la noticia que me iba a dar Diego y yo intuía, en cierto modo, por todo.
Empezó a llover, me puse mi gabardina.
-Hola.
-Hola, ¿qué tal?
-Bueno... estabas un poco triste en clase.
-Sí es que...-titubeó- van a despedirme- los ojos se le volvieron vidrioso y me recordaron a los de un gato.- Lo saben Laura. Lo saben.
Tartamudeaba. Me dijo que ya no podríamos vernos más, ni en restaurantes ni en la calle ni en ningún lugar clandestino, que era lo mejor, que mi madre lo había amenazado y todo el mundo veía la relación con malos ojos, con desaprobación.
Yo me quedé en stand by, también lloraba. Había que esperar u olvidarlo.

Ahora mismo, tras una semana desde nuestro último encuentro, yo me encuentro sola y, adentrándome en él, él se encuentra solo, perdido y seguramente le estará pegando una calada a un cigarrillo. Mientras tanto yo estoy aquí, tras el parterre de zarzaparrillas, llueve, y ahora sí que siento frío. Siento mucho frío.

domingo 25 de octubre de 2009

"F"

Durante un tiempo
quise tenerla, cogerla,
sentirla dentro de mi ser
y ahogarla en mí.

La quise,
como cualquiera a un capricho
que se consigue,
que se llega a tener
y se pierde, se desvanece el deseo
y se pierde.

Veo que con ella lloro y río,
y sin ella río y lloro.
Es solo un pretexto, un suspiro
para darle un sentido a...
a todo,
a la puerilidad de mi vida,
a lo anodino de las vidas.

Es y ha sido ansiada
por miles de hombres,
por miles de personas,
como la música el sordo,
como la luz el ciego.

Ella no deshace los problemas,
ni las discusiones
ni las desilusiones,
ni las incertidumbres,
ni las desdichas.
Ella no es mala, tampoco es buena,
ella, ella, solo tiene una "F" de fama.

sábado 17 de octubre de 2009

Crónica de una tarde en un restaurante y una frase de Cortázar

Dice Cortázar que necesitamos pasiones nuevas para poder seguir ilusionándonos.
Los adolescentes (en su mayoría) somos unos ilusos. Estamos en el extremo en que recreamos continuamente nuestras pasiones. Por eso solemos llevar la sonrisa en la boca; si no estamos quejándonos de algún drama, en el fondo, vacío e inocuo. Hay gente que no entiende el porqué de nuestra sonrisa, generalmente, gente escéptica.
Ejemplo:
Sitio de encuentro: restaurante.
Temperatura: 22 grados centígrados.
Personas presentes en la crónica: clientes; adultos y un puñado de ingenuos adolescentes.
Unos amigos van a comer, que quizás hacen comentarios subidos de tono y quizás hablan con un gran volumen, sí, pero su propósito es ir a comer. Se comportan como otros adolescentes cualesquiera, y, una chica treinteañera (algo exasperada) los mira y sonríe. Puede que todos se den cuenta de que los están mirando y puede que todos estén pensando en un nimio "escéptica", pero uno (independientemente de lo que hacen los demás), la mira y suelta un inaudible y nimio"escéptica". Este adolescente continúa echándole miradas huidizas y esporádicas para comprobar si la mujer sigue mirando. Efectivamente, los mira de forma constante y divertida.
Puede que problamente esta señora sepa más que yo, aún así: modestia coño. Perdón; modestia coma coño. La mujer los mira con escepticismo, con soberbia; no con la añoranza con que mira un adulto su infancia. Lo peor de todo es que esa mujer es una mujer decepcionada con todo, sin ilusiones. Escéptica. Seguramente tiene sus razones; mirándolo de este modo me apeno, me apiado, me produce compasión.
Ojalá yo nunca obtenga ese escepticismo con el paso de los años. Ojalá en un futuro me sigan quedando ilusiones.